11 agosto 2014

Saluda, hombre ¡que no cuesta tanto!

EL SALUDO DE CADA DÍA.

Un hombre que trabajaba en una planta empaquetadora de carne en Noruega entró, cumplido ya el horario de su jornada laboral, en una cámara frigorífica para acabar de inspeccionar una partida de vacuno que acababa de llegar. Cuando quiso salir, se dio cuenta de que la pesada puerta se había cerrado de improviso dejándolo encerrado dentro.
Aunque gritó pidiendo auxilio para que alguien le viniese a ayudar, todos sus compañeros se habían ido ya a casa. Además, el grosor de la puerta era tal que, de haber alguien aún en la planta, no le habrían oído. Llevaba ya cinco horas atrapado y estaba a punto de congelarse cuando la puerta, milagrosamente, se abrió y el vigilante de seguridad de la fábrica entró para rescatarlo.
Cuando le preguntaron al guarda cómo se le había ocurrido buscar allí si no era parte de su rutina, respondió: «Llevo 35 años trabajando en esta empresa. Cientos de trabajadores pasan ante mí cada día y él es el único que me saluda a la entrada y a la salida. Para el resto soy invisible. Hoy me dijo “¡hola!” a la entrada pero no le escuché decir el habitual “¡hasta mañana!” a la salida. De modo que pensé que debía de estar en algún lugar del edificio y, probablemente, con problemas». 




Se ha ido perdiendo algunas buenas costumbres como saludar cuando entramos a un sitio o despedirnos cuando nos vamos. No, no creo que ahora tengamos menos educación. Simplemente, nos hemos individualizado tanto, que ni nos acordamos de "salir de nuestro mundo" y pararnos a ver al que tenemos alrededor.
La historia que comparto no sé si es cierta o no (la he encontrado en la Red) pero está claro que en ese caso el saludo propició la supervivencia del hombre que se tomaba la molestia de fijarse en los demás y compartir un "hola". En la mayoría de los casos, un saludo no nos va a salvar la vida, claro que no, pero nos va a alejar, eso sí, de esa laguna que cada día es más grande: la falta de socialización. Nos vamos encerrando en nuestro círculo y cada vez nos cuesta más relacionarnos. Cada vez hay más personas con problemas de habilidades sociales. Y me parece muy importante, pues si no sabemos desenvolvernos con nuestros congéneres, pocos objetivos vamos a poder cumplir. Y sí nos llenaremos de frustración, de ira, de decepciones y yo me pregunto ¿acaso eso no es ir muriendo poco a poco?

Al final resulta que sí, que acostumbrarnos a compartir un saludo y una sonrisa sí nos puede "salvar la vida".

Así pues, hasta pronto y os envío una sonrisa y un guiño ;)

21 julio 2014

Aprender del pasado.



A veces, situaciones pasadas que nos han provocado dolor, tratamos de ignorarlas y "hacer como que" no han ocurrido.

Otras veces, aún peor, volvemos una y otra vez a la situación y nos preguntamos qué hicimos mal, le damos vueltas y tratamos de cambiarla y acomodarla a unos resultados positivos, sin embargo, sabemos que eso es imposible y sólo nos aporta más dolor.

Ni es bueno huir del pasado, tratando de ocultarlo en un oscuro baúl y tirar la llave, ni es bueno revivirlo una y otra vez buscando un desenlace alternativo. El pasado no se puede cambiar.

¿Qué hacer, entonces? Como aparece en la imagen de arriba, podemos aprender de él. Podemos volver a enfrentarnos a una situación complicada similar a otra ya vivida con la experiencia que nos aportó aquélla y enfocarla de otra manera, con soluciones alternativas. Y si no las hay, siempre podemos asumir los resultados sabiendo que hicimos cuanto estaba en nuestra mano. 

Sólo podemos pedirnos a nosotros mismos responsabilidades de lo que en verdad está en nuestra mano modificar. Aquello a lo que no tenemos acceso, no depende de nosotros, por lo tanto, es injusto culparnos por ello.

Usemos el pasado para aprender no para culpabilizarnos y sufrir.




13 mayo 2014

La misma situación o estímulo, según quien lo encare, puede pasar de ser lo más terrible a lo más hermoso.

Cambiemos nuestra actitud con respecto a los problemas. Es mejor enfrentarlos que huir de ellos o centrarnos sólo en la emoción que nos producen.

Si te paras a analizar el problema de una forma calmada, verás que siempre hallas una solución y si no la hay, siempre es mejor buscar la parte de aprendizaje del problema, que centrarse en el daño que nos haya podido causar. Es cierto que es humano sentirse dolido, desengañado, iracundo..., pero hay que tratar de no quedarse "sumergido" en esas emociones y aprender de la situación que nos creó el problema.